domingo, 10 de marzo de 2013

Módulo 1. La comunicación: una visión general

En este módulo hemos partido de la siguiente evolución para comprender los elementos que forman parte de todo acto comunicativo real:
Vemos, por tanto, que el esquema básico de Jackobson se nos presenta realmente insuficiente a la hora de explicar, desde el punto de vista comunicativo, expresiones como "Qué frío entra, ¿no?", donde probablemente se nos esté invitando a cerrar la ventana. Entra aquí en juego, pues, la intencionalidad y la función estratégica de las intervenciones comunicativas, donde aparecen implicados fundamentales como las representaciones mentales de cada individuo, las interpretaciones de los diferentes mensajes o la capacidad de producir inferencias. Hablamos de la necesidad de tener en cuenta la pragmática en los procesos comunicativos y, por ende, en nuestra labor en la enseñanza de lenguas.

Enlazando esta teoría con la enseñanza y aprendizaje de lenguas, es importante el concepto de "competencia comunicativa", propuesto por Hymes y resultado de la unión de las competencias lingüística y pragmática. Esta última es, por tanto, indispensable en el aprendizaje de una lengua o, mejor dicho, en la adquisición de una buena competencia comunicativa ya que es la encargada del estudio de elementos que no concibe la lingüística. Al respecto, me interesa citar lo que nos dicen Cassany, Marta Luna y Glòria Sanz:
[La pragmática] analiza los signos verbales en relación al uso social que los hablantes hacen de ellos: las situaciones, los propósitos, las necesidades, los roles de los interlocutores, las presuposiciones, etc. La competencia pragmática es el conjunto de estos conocimientos no lingüísticos que tiene interiorizados un usuario ideal. (Cassany, Daniel, Marta Luna y Glòria Sanz. Enseñar lengua. 9a ed. Barcelona: Graó, 2003, p. 85).
Para llevar este tipo de proceso de enseñanza-aprendizaje  debemos comprender y partir de la noción de "representaciones mentales compartidas", ya que juega un papel básico en la comunicación y de ella podemos partir para presentar las posibles variantes que debamos apuntar, en primera instancia, a un individuo de otra lengua que quiere comunicarse en la nuestra, para lo que necesitará conocer algunas de las concreciones que se dan en nuestra cultura particular como, por ejemplo, el uso de las distintas fórmulas de cortesía en los diferentes países o zonas hispanohablantes, cuya confusión puede dar lugar a aquellos malentendidos de los que hablábamos en la primera entrada de este blog.




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